lunes, 23 de marzo de 2009

cocotes


hay olores que, tras haberlos tenido olvidados en el inmenso archivo pituitario, cuando los percibimos al cabo de los años nos trasladan de inmediato a escenas del pasado, a momentos vividos inocentemente y ahora añorados con nostalgia: el olor a cera de la escalera en casa de mi abuela, caleche de hermes en el cuello de mi madre... todos hemos experimentado esa sensación única de recuerdos que al galope se agolpan a golpe de nariz.

el sentido del gusto es capaz de regalarnos esas mismas sensaciones aunque resulta más difícil que esto se produzca. sin embargo cuando ese momento llega, esa intensa e íntima sensación es aun más rica y duradera. a mi me pasa con los cocotes de marquina. no es que de niño me atiborrara a cocotes, pero puede que el hecho de haber abandonado su consumo durante décadas y ya de adulto saborearlos de nuevo, me traslade a esa infancia feliz e inocente de los veranos en marquina. a cuando la paga de la semana me duraba los minutos que tardaba en llegar al kiosco a dilapidarla íntegramente comprando el supermortadelo o las historias del capitán trueno, a como antes de comprar la bolsa de pipas facundo, primero pedía a la mujer del puesto que me diera cambio para luego poder pagarle con el dinero justo. los cocotes me vuelven a llevar ahora a como, aterrorizado, me escondía de los cabezudos que recorrían las calles durante las fiestas del carmen, a como en los para mi larguísimos paseos hasta las cuadras de munibe, la diversión era ver cuántas babosas encontrábamos por el camino. y así miles y miles de momentos que hacen cola por salir a cada bocado que doy a un cocote. no estoy muy seguro de si esto significa que me estoy haciendo mayor o, mejor dicho, me estoy haciendo consciente de que me he hecho mayor, pero en cualquier caso quiero seguir disfrutando de ese placer de la memoria gastrohistórica.

para que el mito del cocote permanezca, es imprescindible que nunca se puedan comprar en madrid, que sea necesario trasladarse a la pastelería de tate en marquina y seguir la liturgia de visitarlo al menos una vez al año y dejarse allí una fortuna en cocotes para repartir ente los amigos como si así les diera pedacitos de mi infancia, trocitos de mi vida para que se los coman sin saberlo mientras los mojan en un inocente vaso de leche.

5 comentarios:

Juan dijo...

no creo que me contases nunca lo de contar babosas, pero al leerlo lo he recordado...y tambien cantar Vamos contar Mentiras viniendo de Saturrarán, y esas tardes eternas en el cuarto de jugar, y pasando vertigo por tener los pies clogados del banclo de la galeria y...

Anónimo dijo...

Hola Luis,
El día San Jose, cuando estuvisteis por aqui había tanta gente que ni estuvimos como es debido, ni nos acordamos de regalaros unos delantales de TATE que tenemos. De todos modos como cualquier momento es bueno para coger un regalito...
Maria Rosa e Idoia

Wilkhender dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Wilkhender dijo...

Luis, soy de Venezuela. Y estoy conociendo alguien de Markina-Xemein. Espero poder degustar los famosos cocotes de la pastelería Tate. Ya me han dicho que son exquisitos, y tu descripcion invita a probar esa cualidad gastronómica, caracteristica de la región Vasca de Markina.

jechanove dijo...

Acabo de probar los Cocotes que me ha traído mi primo Luis Echánove de Markina ... Y hacía mucho tiempo que no probaba algo tan delicado y tan rico .... Desde hoy adicto absoluto.Enhorabuena a Bernardo de Aretxabaleta